Seminario de Gabriel Bello sobre Richard Rorty



A partir del viernes 9 de febrero a las 10, seminario de Gabriel Bello titulado "Lecturas de Richard Rorty a partir de La Filosofía y el espejo de la naturaleza". Serán 4 sesiones de discusión a partir de textos concretos.

Las personas interesadas en participar pueden mandar un correo a mvazquez@ull.es

Esta seminario será retransmitida en streaming por Adobe Connect y por Facebook directo.









RICHARD RORTY: NOTA  BIO-BIBLIOGRÁFICA
Por Gabriel Bello


En Wikipedia  se puede encontrar varias entradas  el filósofo norteamericano, que harían innecesaria  este nota, pero no vendrá mal algo un poco más sintético, a parte de algunos datos que  no he visto allí.

Rorty nació en Nueva York  en 1931, estudió  filosofía analítica y pragmatismo en Yale y en Chicago,  y acabó  decantándose por el segundo,  debido a la influencia de autores  como William James y John  Dewey, y distanciándose críticamente de la primera.  Después  fue profesor de Filosofía  en Princeton durante muchos años, de Humanidades en Virginia y de Literatura  comparada en  Stanford (California), donde murió en 2007  de un cáncer de páncreas (que su hija atribuyó, irónicamente, a  que su padre leía demasiado a Habermas).

 Los  cambios en su carrera de profesor  sugieren una oscilación de su pensamiento desde la filosofía a la literatura,  lo cual  puede explicarse por su convicción de que la filosofía o es útil y sirve a la democracia  de alguna manera, o carece de sentido. Acabó convencido de que la literatura era o podía ser tan útil o más  que la filosofía, al contribuir a la formación  moral y política   mediante la creación de personajes y situaciones que pueden inspirar  identificación o desidentificación. 

El mejor  ejemplo de su compromiso inicial con la filosofía  dura es su libro La filosofía y el espejo de la naturaleza, aparecido en inglés en 1979 y en castellano en 1983. Y el de su oscilación a la literatura  es Contingencia, ironía y solidaridad, publicado en inglés en 1989 y en castellano en 1991, que  incluye dos capítulos dedicados a sendos novelistas,  Navokov y Orwell,  aparte de otros que se mueven en las fronteras entre la filosofía y la literatura. Con posterioridad habría de publicar  cuatro volúmenes más  que recogen sus múltiples escritos dedicados todos, sin embargo, a problemas filosóficos.

Su obra  es  muy crítica  con la tradición filosófica dominante, antigüa, moderna y contemporánea  - a la que acaba considerando  la expresión típica del autoritarismo patriarcal -  y   fue recibida por la mayoría  de los profesionales del ramo como una provocación que  suscitó un aluvión de críticas, a  las que tuvo la paciencia de responder.  Tanto las críticas como las respuestas de Rorty   están recogidas en cuatro gruesos volúmenes que, afortunadamente, están- con el resto de su obra - en la Biblioteca de esta Universidad.

Estos volúmenes muestran una diferencia clave con la  escritura  filosófica tradicional. Esta aparece siempre como la  expresión del pensamiento de un autor único con pretensiones de ser el descubridor y portavoz de  la Verdad. En cambio los volúmenes en cuestión  recogen y muestran una escritura  conversacional  o  dialógica  que, al contrastar  entre  sí diversas  pretensiones de verdad – incluida la pretensión de la Verdad no es más que un mito – relativiza  a unas y a otras. 

Esta  circunstancia bibliográfica o textual  es algo inédito en la historia de la filosofía. Alguien puede argumentar que la escritura de Platón ya era dialógica o conversacional y es verdad. Pero también lo es que los interlocutores platónicos eran personajes de ficción, mientras que los rortyanos son personas reales, profesores y profesoras de filosofía an activo. No sólo  eso. Algunos de ellos reconocen que Rorty  intentó extender la conversación filosófica, más allá del  espacio de la filosofía académica, como yo mismo tuve ocasión de comprobar cuando Rorty me enseñó – entre otras  muchas -  la carta de un arquitecto noruego que  se congratulaba de haber leído  Contingencia, ironía y solidaridad, y le daba las gracias  su escritura.

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